Aislamiento social

Una creencia muy extendida (y en este caso, avalada por multitud de estudios científicos) revela la importancia del apoyo social para superar las dificultades. Podemos afirmar sin lugar a dudas que disponer de una buena red de apoyo social supone un factor protector frente a los agentes estresantes. Entonces ¿Por qué hay personas que deciden aislarse? Aislamiento Social
Me voy a buscar orientación a uno de mis autores de cabecera: el profesor R. Sapolsky. Leo “las relaciones sociales no constituyen de forma invariable una solución para la agitación psicológica. Es fácil pensar en personas con las que lo último que desearíamos sería relacionarnos cuando tenemos problemas. También es fácil pensar en circunstancias difíciles en las que cualquiera nos haría sentir peor. Los estudios psicológicos así lo demuestran”. Y empiezo a pensar que el profesor Sapolsky puede tener razón. Quizá la estrategia más útil para una persona que está sufriendo mobbing (acoso social) o viva una situación de abuso, no sea buscar apoyo a cualquier precio. Quizá haya situaciones en las que retraerse del entorno sea lo más útil para sobrevivir.
El profesor Sapolsky nos describe una situación experimental para ilustrar su teoría. Si sometemos a un sujeto experimental (generalmente, un roedor o un mono) a una situación estresante y luego le colocamos entre un grupo de sujetos conocidos, los niveles de estrés suelen disminuir; mientras que si a ese mismo sujeto le introducimos en un grupo desconocido, la respuesta de estrés se multiplicará. Conclusión, a veces es mejor lamerse las heridas solo que hacerlo soportando la curiosidad o la intromisión de unos extraños.

Pero el asunto se puede complicar todavía un poco más puesto que, ni siquiera, las relaciones sociales íntimas son siempre de ayuda. Así que, lo verdaderamente útil sería ser flexible a la hora de elegir la estrategia a seguir: afrontamiento activo en busca de apoyo o retraimiento pasivo en busca de aislamiento. Ataque o huida.
Parte de los problemas que se ven en consulta en relación a estos asuntos tienen que ver con dos situaciones. En primer lugar, con la rigidez en la pauta de conducta. El sujeto no es capaz de variar su estrategia de afrontamiento/retraimiento ante las distintas situaciones y, en general, siempre recurre a la misma pauta. Probablemente lo que ha sucedido es que esa pauta en algún momento de su vida le fue muy útil pero ahora las circunstancias han cambiado y él no puede cambiar. Se encuentra anclado y eso le genera muchos problemas. Por supuesto, no creo que sorprenda a nadie al decir que esas pautas tan rígidamente fijadas suelen establecerse en la infancia cuando el aprendizaje se nos graba a fuego.
La segunda situación en consulta, y ya para finalizar, tiene que ver con la soledad. No debemos confundir aislamiento con soledad. El aislamiento es una conducta (una estrategia), mientras que la soledad es un sentimiento. Se basa en la percepción de que existe una diferencia entre el nivel de contacto social deseado y el nivel de contacto social logrado, y ello genera una sensación de malestar. Es, por tanto, una vivencia subjetiva: uno puede sentirse solo en medio de una multitud, a la vez que, uno puede sentirme muy a gusto alejándose durante un tiempo de los demás. Aislamiento/retraimiento y soledad pueden ser discrepantes, y no debemos suponer que una persona que se ha retraído se siente mal.Aislamiento Social
A pesar de ello, la mayoría de las veces no es así y el aislamiento se acompaña de la vivencia de la soledad. Ello repercute a su vez en la autoestima puesto que genera autopercepciones de fracaso, incompetencia, de pérdida de valor… Y así, aquellos sujetos con una respuesta rígida a los problemas basada en el retraimiento, se perciben a sí mismos como poco competentes, lo cual potencia que sigan utilizando esa estrategia de retraimiento “para no empeorar aún más las cosas”. Las personas introvertidas, tímidas, ansiosas, y en definitiva, temerosas del castigo/fracaso son mucho más propensas a entrar en este círculo vicioso.
No ser críticos, no enjuiciar, valorar las pequeñas aperturas, generar sentimientos de adecuación y competencia, dejar abiertos los cauces de comunicación, promover experiencias positivas, no presionar o forzar los cambios…, se trata de evitar que la soledad mine nuestra autoestima para, a partir de ahí, promover pequeños cambios en las estrategias de afrontamiento. No es imposible.
Dedicado a una persona especial
Fdo. Dr. Manuel García Mayo

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